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Padre Quevedo: el azote de los espíritas
Estaba yo buscando a través de Google muestras contextualizadas de la expresión "velho caquético" (viejo chocho), para traducirla al español lo más correctamente posible, cuando entré en un blog extraño, que no he vuelto a encontrar, donde se criticaba con amargura e inmenso respeto a un tal "Padre Quevedo". Me entró inmediata curiosidad por saber más de este personaje, al que se insultaba al tiempo que se reconocía su autoridad en el terreno de lo paranormal.
Mis posteriores lecturas fueron confirmando aquella expresión contradictoria de amor y odio del blog: el Padre Quevedo es una figura polémica, sabio para unos, payaso de circo para otros. Por un lado, es un venerable jesuita español de casi ochenta años con numerosos libros publicados, de enorme cultura, que dirige en São Paulo el Centro Latinoamericano de Parapsicología (http://www.clap.org.br/) con estudios de posgrado reconocidos por el Ministerio de Educación de Brasil. Por otro lado, es un personaje mediático que durante un tiempo apareció en una sección de un programa de televisión de gran audiencia desentrañando falsos milagros y falsas historias de fantasmas, alcanzando tal popularidad que llegó a ser parodiado por humoristas. Sus declaraciones explosivas no siempre fueron del agrado de sus superiores, que incluso le impusieron un silencio que se prolongó durante seis años, pero sus apariciones en televisión fueron autorizadas y respaldadas por la Compañía en un intento de luchar en Brasil contra los charlatanes que abusan de la credulidad del pueblo1.
Prácticamente desde niño, el Padre Quevedo emprendió una cruzada personal contra el espiritismo. Leyó en profundidad las obras fundamentales de la literatura espírita con evidente afán destructivo, denunciando contradicciones entre las doctrinas transmitidas por los principales médiums, e incluso contradicciones internas en las obras de Kardec. Acusó a los curanderos que realizaban "cirugías espirituales" de valerse de trucos de ilusionismo, y defendía que cualquier buen resultado se debía a la autosugestión del propio paciente, y no al poder del sanador. Por extensión, se mofó de la magia negra de las religiones afrobrasileñas, e incluso mantiene un museo en São Paulo en el que multitud de objetos mágicos o sagrados de varias religiones brasileñas se exponen no como muestras de la cultura popular, sino tomándolos a chacota, como objetos de escarnio.
Para la importante comunidad espírita de Brasil, el Padre Quevedo es un personaje irritante e incómodo. Sin embargo, tal vez los espíritas de buena voluntad, los que, al igual que el Padre Quevedo, quieren aproximarse a la verdad, podrían aprovechar las feroces críticas del jesuita para localizar y eliminar sus inconsistencias internas.
Por su parte, no estaría de más que el Padre Quevedo empezase a matizar su intolerancia hacia el resto de las religiones de la humanidad, o que al menos introdujera un mínimo de duda en su mensaje a favor del cristianismo como la única religión verdadera (todo el resto serían, según él, errores, supercherías e invenciones humanas).
Lo cierto es que, objetivamente, no hay diferencia alguna, en cuanto a la verificabilidad, entre un médium que afirma "Un espíritu movió mi mano para escribir esto" y un cristiano que asegura "Dios me ha hablado y me ha dicho esto", sea el cristiano un profeta, un santo, o un jesuita que se ha esforzado en escuchar a Dios en unos ejercicios espirituales. Las dos afirmaciones son de idéntica naturaleza y son igualmente respetables e igualmente criticables. Los que escuchan el mensaje del más allá dicen sentir una fuerte certeza interior (cuando no mienten conscientemente) de que la comunicación ha sido verdadera, y los fieles, en ambos casos, confían en la palabra de su guía espiritual. Los médiums se contradicen, de acuerdo, y este asunto es peliagudo, pero en la historia del cristianismo también hubo numerosos profetas que contradijeron la versión oficial, sólo que el conflicto interno se solucionaba rápidamente exterminando a los herejes en la hoguera.
Y en cuanto a la ridiculización de la "magia" afrobrasileña , no resulta legítima desde el catolicismo: no parece coherente que una misma persona se ría de alguien que deja un plato de comida en una encrucijada para que determinada entidad de la umbanda o el camdomblé le ayude a recuperar a su marido, y a la vez encuentre perfectamente normales y nada ridículas las oraciones a San Antonio para encontrar pareja, pagándole el servicio al santo a base de avemarías.
Desde hace siglos, misioneros como el Padre Quevedo han venido a Brasil para contarles a estos salvajes tercermundistas su verdad superior. Una Verdad pétrea e impermeable a las "mentiras" locales. En uno de los vídeos en los que aparece, el Padre Quevedo se queja de que no escucha bien. Todo un símbolo.
(1) Un retrato ponderado de este personaje puede leerse en http://www.dios.com.ar/paginas/grupos/5-personajes/indice.htm buscando por González Quevedo, Oscar.
Dr. Fritz
En su libro Aluanda, la socióloga canadiense Frances O´Gorman se detiene en el doctor Fritz como transición hacia el tema de la umbanda, culto afrobrasileño que se deslindó del espiritismo a principios del siglo XX.
La polémica sobre el espíritu de un médico alemán que realiza cirugías a través de mediums muy poco higiénicos ya viene de lejos: Aluanda se publicó en 1977, cuando aún andaba en boca de todos el médium Oscar Wilde, repudiado por los espíritas de Bahia por enriquecerse con sus curas. Pero Adolf Fritz ya se había hecho famoso a finales de los 50, cuando operaba con las manos de Zé Arigó1, y su actividad continúa en nuestros días, concretamente en Recife (http://jc.uol.com.br/2008/09/12/not_179608.php).
El vídeo de YouTube es un recorte de un programa de televisión de 1987, y en este caso el espíritu está incorporado en Edson Queiroz, según informa un internauta. Entre los interesantes comentarios que siguen al vídeo en YouTube, varias personas consideran que estas imágenes son una evidencia suficiente de la existencia de la vida después de la muerte.
Por mi parte, me gustaría contar con la opinión de algún cirujano que me dijese, para empezar, hasta qué punto las operaciones que vemos se diferencian de las convencionales. ¿Hay efectivamente algún prodigio en estas intervenciones? Y si lo hay, ¿de qué naturaleza?
También me gustaría que alemanes residentes en Brasil opinasen sobre si la persona que habla parece realmente alemana o si recuerda más bien a un brasileño intentando imitar a un alemán.
(1) Alejandro Agostinelli le dedica a este primer médium un documentado artículo en el que predomina el escepticismo: http://www.dios.com.ar/paginas/grupos/5-personajes/indice.htm
Allan Kardec
En el videoclub de abajo me topé ayer con un DVD sobre Kardec y el espiritismo y tuve por tanto que alquilarlo, viéndolo por fin hoy mismo, dos de marzo, a la vuelta del trabajo, junto a Flávia. Este va a ser el segundo texto que escriba hoy.
Mientras que la palabra “espiritismo” en España sólo me traía a la mente películas de terror y programas nocturnos de radio, muy pronto me sorprendió en Brasil que la misma palabra, desprovista de casi todas las connotaciones tenebrosas y esotéricas, designara a una religión de gran prestigio, practicada por personas distinguidas, y que pretendía explicar la vida ultraterrena y otros misterios con perfecta transparencia científica. Justamente el cientificismo de esta nueva religión es lo que dotaba a sus aserciones de fiabilidad frente a las de otras religiones.
En España el “espiritismo” se practica esporádicamente por morbo o curiosidad, pero nunca se es “espírita”, como se puede ser budista. Tal palabra no existe.
El contenido del DVD apenas me ha aportado informaciones nuevas, limitándose a confirmar mis escasos conocimientos previos sobre la cuestión. Se advierte la preocupación por vincular las obras de Kardec al método científico (colocando su nombre al final de una lista de notables físicos y químicos, o hablando de doctrina mientras se muestran imágenes de satélites artificiales, informáticos afanosos o balanzas de precisión) de manera que el espiritismo vendría a conciliar la ciencia y la religión, que parecían irrecuperablemente fracturadas desde la Ilustración. Sin embargo, la cuestión de cómo demostrar si las comunicaciones provenían efectivamente de espíritus no parece preocuparles tanto a los espíritas como a mí, dando ligerísimas explicaciones acerca de que eso ya fue demostrado por innumerables sabios del siglo XIX. Parece partirse de eso como de un dogma soterrado. Se adivina que el público ideal del DVD son ya espíritas o bien personas que creen de antemano en el más allá. Tendré que continuar investigando por mi cuenta de dónde proviene la seguridad de que quienes se manifiestan son efectivamente espíritus. Porque se deja entender que los métodos más usuales son la escritura automática y la mediumnidad a través de la voz, métodos que no logran convencer a un observador más exigente. También investigaré sobre Chico Xavier.
En cuanto al mensaje moral, Kardec o los espíritus le deben casi todo al cristianismo (paradigma del amor frente al del egoísmo). Hablan de la existencia de tres revelaciones de Dios al hombre: la de Moisés, la de Cristo, y la espírita, que es una revelación al conjunto de la humanidad. De todas maneras, con las dos revelaciones anteriores se advierte la raigambre judeocristiana del kardecismo. Por otro lado, en el vídeo se dice que ellos son "la religión", frente a "las religiones". Se afirma, asimismo, que su idea de Dios (tomada del cristianismo) es más acertada por ser más inteligente y científica (frente a los múltiples dioses del paganismo, tan próximos a los humanos en figura y vicios).
Tal vez lo que más llama la atención es la existencia del propio DVD, realizado en Brasil como conmemoración del bicentenario del nacimiento de Kardec. Y que el DVD estuviera justamente en el videoclub de abajo. ¿Por qué la obra de Kardec vendría a tener tal aceptación en Brasil, mucho mayor que en la misma Francia? Queda claro que las figuras más importantes del kardecismo mundial son brasileñas. Me pregunto si tendría algo que ver esa admiración y emulación de lo francés que se vivió en Brasil a finales del XIX y principios del XX. El libro de los espíritus fue publicado en 1856, y el teatro municipal de Río, que clona la Ópera de París, comenzó a proyectarse en 1894, y se inauguró en 1909. Desde entonces, digo yo, el kardecismo arrastraría esa imagen de religión de personas cultivadas y cosmopolitas.
