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cuaderno de religión

Candomblé

Ofrenda - 2

Ofrenda - 2

Junto a los bosques del morro de São João, una ofrenda de calabaza y de cerveza clara, posiblemente para Oxossi, el silencioso cazador de la espesura.

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Por las libertades religiosas - 2

Por las libertades religiosas - 2

Otra imagen maravillosamente chocante... todavía.

Por las libertades religiosas -1

Por las libertades religiosas -1

Pequeño reportaje gráfico de la manifestación de hoy, por el paseo marítimo de Copacabana, contra la intolerancia y a favor de la libertad de cultos.

En nuestros días aún resulta rara esta escena: personas ataviadas con las ropas rituales de las religiones afrobrasileñas, a plena luz del día, por la famosísima Avenida Atlántica de Copacabana.

Digamos que el catolicismo y el espiritismo (también representados en esta marcha) son las religiones de las clases medias y altas, que los cultos evangélicos son más populares, y que la umbanda y el candomblé son las religiones de los negros pobres. Y en una sociedad con el clasismo feroz de Brasil, nadie quiere reconocerse pobre, ni negro...

Casi nadie. 

La danza de Oxum

La danza de Oxum

Tres oganes recién nacidos

Tres oganes recién nacidos

Candomblé - danza circular II

Candomblé - danza circular II

Candomblé - danza circular

Candomblé - danza circular

Filhos de santo

Filhos de santo

"Filhos de Santo" aguardando el inicio de la ceremonia de candomblé.

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La danza de Omolu

Tenemos que agradecer al filho de santo Obá Ó Minibú y a su babalorixá, el privilegio de haber presenciado ayer la ceremonia de bienvenida de tres oganes que llevaban varias semanas recluidos, purificándose.

En un municipio costero apartado de la afanosa gran ciudad, sobre un terreno ganado a las aguas quietas del manglar, dominio de la orixá Nanã Buruku, la antigua, antigua madre que engendró a Omolu, un babalorixá (o pai de santo) levantó esta bonita casa blanca proyectada desde un principio como templo de religiones afrobrasileñas.

El edificio principal, de una sola planta y de unos cien metros cuadrados, estaba ayer bellamente adornado con flores, hojas verdes, cestas para ofrendas, telas rojas y verdes, grandes recipientes de bronce... Los tres atabaques (altos tambores sagrados) estaban “vestidos” con ricas telas y ya se encontraban colocados en un lugar elevado construido con este fin. Los fieles se habían vestido con ropas de fiesta: un blanco imposible en todas las prendas, adornadas con bordados y encajes, y planchadas con un esmero admirable. Las tres o cuatro filhas de santo se distinguían por sus voluminosas faldas abombadas por algún tipo de miriñaque, de manera que su atuendo era muy semejante al tradicional de las negras de Bahía. Todos llevaban la cabeza cubierta por turbantes (las mujeres) o por sombreritos sin ala (los hombres).

La ceremonia pública se prolongó unas cinco horas, hasta las cuatro de la madrugada. Los iniciados, sin embargo, debían permanecer aún hasta el amanecer. Sólo entonces podrían regresar a sus casas después de semanas de internamiento.

El retiro habitual de los iniciados en el candomblé es de veintiún días, coincidiendo con el tiempo de gestación de las aves en el interior de los huevos. Pasan todo este tiempo prácticamente sin salir de cierta habitación que representa el vientre materno, y que está comunicada por una puerta con el salón de ceremonias. Los iniciados, sin embargo, no salen ni entran por esta puerta, sino por otra de una habitación contigua que representa la vagina.

Durante las cinco horas que duró la ceremonia pública, pudimos apreciar la complejidad y riqueza de este culto de origen africano en la enorme variedad de ritmos, danzas y cánticos en lengua yoruba que se fueron sucediendo. Había además una perfecta organización en la división de las tareas y en la progresión de la muy medida ceremonia.

Los iniciados danzaron durante horas en círculo los bailes rituales. Dos ruedas concéntricas: en la interior los iniciados de mayor rango, y en la exterior los filhos de santo, que se agachan cada vez que para la música para que sus cabezas no queden por encima de sus superiores en la religión.

Creímos adivinar que las danzas y los diferentes ritmos iban invocando a los principales orixás y suponían también algún tipo de purificación o preparación a través de la repetición, del cansancio, de la perfección de movimientos, de los giros de las ruedas.

De alguna manera, se estaba higienizando el ambiente, y las cabezas, para recibir a los tres oganes, que en un momento dado acabaron saliendo del cuarto de la izquierda, bailando en fila india con la cabeza y la vista agachada, con el cabello rapado bajo el sombrerito como muestra de pureza. Estas tres personas se estaban consagrando a la religión, y su vocación sagrada les iba a llevar por un camino diferente al de los pais de santo o babalorixás, pues la función del ogán no es incorporar orixás, sino cuidar de la correcta marcha de la ceremonia, cantar los himnos, tocar los tambores y vigilar a los incorporados dándoles agua, secándoles el sudor, o expulsándolos y “exorcizándolos” cuando llegan a destiempo.

El punto álgido de la ceremonia, en todo caso, fue la llegada del orixá Omolu incorporado en el pai de santo.

Pai Cido de Osun Eyin, en su libro Candomblé – A panela do segredo, dedica algunas páginas a hablar de este orixá, que viste un característico sombrero o máscara que le cubre completamente el rostro con tiras de paja. Divinidad seria, de las epidemias y de la curación, es una entidad de la tierra, y más concretamente del interior de la tierra. Cuenta Cido de Osun Eyin dos explicaciones tradicionales para su peculiar atavío, que lo oculta de las miradas: una hace referencia a cierta deformidad ocasionada por llagas o cicatrices de nacimiento, mientras que la otra habla de la necesidad de proteger a los presentes del brillo que irradia esta deidad.

Nos explicó Obá Ó Minibú que en el candomblé no se da la incorporación de entidades concretas, como pueden ser espíritus de fallecidos, sino que los orixás incorporados deben entenderse más bien como fuerzas de la naturaleza.

En este sentido, lo que vimos ayer fue perfectamente real. Así como los dos filhos de santo que incorporaron a orixas femeninos estaban representando, personificando, ciertas tendencias universales como la delicadeza o la coquetería, me resultó evidente que el babalorixá había incorporado una poderosa fuerza de la naturaleza relacionada con el magma volcánico, con el impulso guerrero y, por encima de todo, con la vida plena. Sin duda alguna, aquello que vimos fue la danza de un dios.

Atotoó Obaluaiê!!!

Filipetas - 2

Filipetas - 2

Filipetas - 1

Filipetas - 1

Aluanda

Aluanda

Frances O´Gorman, una socióloga canadiense naturalizada brasileña, publicó este libro en 1977 en la editorial Francisco Alves, de Río de Janeiro. Al parecer nunca se reeditó, y para conseguirlo hay que acudir a librerías de viejo o a bibliotecas.

La principal curiosidad del libro es que está escrito en inglés, pues se dirige fundamentalmente, según se lee en el prólogo, a los extranjeros recién llegados a Brasil, a los que pretende dar unas primeras nociones sobre los cultos afrobrasileños: el candomblé, los encantados, la macumba, la umbanda.

Otra curiosidad es que lleva unas palabras preliminares firmadas por el religioso norteamericano Edmund Leising, fundador de la influyente FASE, una ONG de iniciativa católica pero de ambición ecuménica, muy vinculada en los años 70 a la Teología de la Liberación, que no se limitaba a lo asistencial, fomentando el asociacionismo y el pensamiento crítico, y denunciando los preceptos económicos que llevan a la desigualdad.

(Sobre la historia de FASE, ver: http://www.rebrip.org.br/noar/anexos/acervo/10_jean_pierre_leising.pdf

http://br.monografias.com/trabalhos/territorio-territorialidade-federacao-orgaos-assistencia/territorio-territorialidade-federacao-orgaos-assistencia.shtml

Sobre el presente de la institución:

http://www.fase.org.br/_fase/)

La propia autora pertenecía a FASE, y Leising explica en su prólogo que Aluanda materializa las más hondas aspiraciones de la ONG: al prestar atención a las religiones afrobrasileñas, al considerarlas dignas de estudio, se está yendo contra la corriente de desprecio hacia estos cultos, reforzando la autoestima y desterrando la vergüenza de pertenecer a una determinada religión.

Se trata, sin duda, de una ideología muy avanzada que se sitúa en las antípodas de los movimientos católicos y protestantes preocupados únicamente en ganar adeptos.

El punto de vista de Frances O´Gorman es el de una católica extranjera, que no pretende alterar sus principios, su identidad más honda, por el contacto con los otros, pero que se acerca a la otra cultura con gran respeto. En ocasiones, verdaderamente intrigada.

Tras algunas pinceladas sobre las religiones afrobrasileñas en la vida cotidiana, y después de una pertinente introducción histórica, también leve y amena, se alcanza el tercer capítulo, que es el núcleo del trabajo.

El candomblé, siendo específicamente brasileño, es la religión que más se aproxima a las raíces africanas. El sincretismo con los santos católicos, dice la autora, es sólo de fachada, y tras los nombres y las figuras católicas se veneran las entidades africanas en toda su pureza. O´Gorman ve en el candomblé un “difuso monoteísmo”, tal vez con la buena intención de comunicar algo del prestigio del monoteísmo al denostado candomblé. Reconoce, sin embargo, que Olorum, el primero de los dioses, creador del cielo y de la tierra (no de los hombres) no tiene ningún culto en Brasil. Se trata de uno de esos alejadísimos dioses celestes o uranianos de los que habla Mircea Eliade, que acaban perdiendo todo el contacto con el pueblo.

Algunos fieles logran compatibilizar el culto a los orixás y a los santos católicos echando mano del concepto de reencarnación: una serie de espíritus superiores encarnaron primero en África, y se les llamó Orixás, y mucho más tarde fueron a reencarnar en hombres y mujeres de occidente, que fueron elevados a los altares católicos, con otros nombres.

La esencia del candomblé es la visita de los orixás a través de los médiums, en ceremonias muy reglamentadas en las que se baila al son de los tambores sagrados.

Afirma la autora que en las ceremonias hay mucho de representación y que hay hasta trances fingidos, particularmente en determinados lugares donde apenas se actúa para los turistas. Pero que el trance es un fenómeno real, raro e inexplicable, que en todo caso recuerda al estado hipnótico. Sea lo que sea lo que sucede durante el trance (que los fieles del candomblé explican mediante la posesión divina), el organismo no responde de la manera habitual: el cuerpo de un médium puede beber un litro de aguardiente, pero al final de la ceremonia, cuando el orixá lo abandone, se quedará completamente sobrio. El cuerpo del médium no se queja de dolor, ni sangra, al caminar sobre cristales rotos o sobre brasas encendidas. El orixá incorporado en un ser humano puede, además, sanar a los enfermos.

Sectas

Sectas

Al candomblé también se le ha tachado de secta, se queja el padre Cido de Òsun Eyin en su libro Candomblé - A panela do segredo.

Las ceremonias se celebraban de madrugada no porque se practicasen ritos tenebrosos o macabros, sino porque el candomblé era una religión clandestina, y los esclavos africanos tenían que reunirse a escondidas para mantener vivos a sus dioses, a los que terminaron disfrazando de santos católicos para que pasasen desapercibidos entre los dioses imperantes a plena luz del día. La enorme popularidad de San Jorge en Río de Janeiro se debe a que este santo se identifica con Ogum, que es el Zeus del candomblé.

Sospecho ahora que, muchas veces, lo que diferencia una religión de una secta es exactamente lo mismo que media entre una lengua y un dialecto: más o menos prestigio, más o menos poder.

(La foto es del Museo del Folclore de Río de Janeiro)

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O Lobo Mau

O Lobo Mau

La religión afrobrasileña del candomblé  recuerda a la grecorromana en el sentido de que en ambos panteones no existe ningún dios decididamente malvado. No se da en ellos la separación tajante entre el bien y el mal. La bondad pura y la maldad absoluta no encarnan en dos entidades irreconciables, como pueden ser Caperucita frente al Lobo Feroz, los Estados Unidos frente al Eje del Mal, o como el azul frente al rojo en las espadas láser de Luke Skywalker y Darth Vader o en las corbatas de Rajoy y Zapatero.

Las primeras Historias de las Religiones consideraban que el monoteísmo, como resultado de la evolución, era la forma de religiosidad más avanzada y perfecta, mientras que el politeísmo africano no pasaba de un curioso resto arqueológico de gran interés para la antropología, de una muestra milagrosamente conservada de formas muy primitivas de religión.

Sin embargo, no sería del todo disparatado establecer una analogía entre las religiones con un único dios y los sistemas políticos de partido único: en ambos casos, sólo hay una Verdad posible (y ya definida), por lo que no se toleran las discrepancias internas... ni las externas. En ambos casos es habitual el expansionismo, tal vez por aquello de que la mejor defensa es el ataque. Por su parte, el politeísmo implica variedad de perspectivas, versiones y opiniones, y una especie de tolerancia sistemática a lo diferente.

Por tanto, especialmente en nuestro tiempo, caracterizado por las dudas, el relativismo, y las visiones parciales y fragmentarias, el politeísmo resulta una forma de religiosidad sorprendentemente actual, y civilizada.

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