26/05/2008
Devotos de la tristeza

La depresión debe afectar de alguna manera a los músculos del cuello, y por eso los tristes andan por ahí cabizbajos... a excepción de los fadistas.
El fadista va con su tristeza erguida. Va con su tristeza bien alta.
Considera que ser triste es un talento, un don divino.
En los años 50 del siglo XX, se reveló al mundo una voz asombrosa. Desde Lisboa, Amalia cantaba:
Foi por vontade de Deus!
Que eu vivo nesta ansiedade
Que todos os ais são meus
Que é toda minha a saudade
Foi por vontade de Deus...
Tenía Amalia una mandíbula poderosa, capaz de triturar las penas más duras y transformarlas en canto.
Extraña forma de vida, la de los devotos de la tristeza. La de los que consideran que la felicidad no basta, que nesta vida desvairada, ser feliz é coisa pouca. Que la tristeza es la clave, o el peligroso acceso a una forma superior de alegría.
El fadista considera que Dios es triste, que la tristeza apunta hacia Dios. Y entrar a una casa de fado es como ir a misa: hay que guardar el debido silencio.
El fadista sería un elegido, y la voz de Amalia habría sido tocada por Dios.
foi Deus
que me pôs no peito
um rosário de penas
que vou desfiando
e choro a cantar
e pôs as estrelas no céu
e fez o espaço sem fim
deu o luto as andorinhas
ai, e deu-me esta voz a mim
No nos quepa duda.
05/05/2008
Fenómenos pararreligiosos

Lo esencial o irreductible de lo religioso es la vinculación del ser humano con lo sagrado, considerando que lo sagrado puede ser absolutamente cualquier cosa: para unos se trata de una entidad inasible, para otros reside en una determinada figura de madera, y a otros les parece que se manifiesta, por ejemplo, cuando cierto artista pop canta sobre el escenario.
A lo esencial religioso le van saliendo una serie de adyacencias cada vez más humanas, pero que no pueden ignorarse en una concepción realista y amplia de la religión: los rituales, los objetos del culto, la ética, los templos, los diezmos o similares, el poder temporal, etc., etc.
Lo pararreligioso, por su parte, sigue el camino contrario: proviene de lo humano y se apropia del prestigio que pueda tener lo religioso para fines, sobre todo, comerciales. Pienso en todos los panfletos que se reparten por las calles de Río de Janeiro prometiendo riqueza y amor, o vendiendo el conocimiento del futuro como un producto cualquiera, amparándose siempre en el prestigio que las religiones africanas tienen al menos en este ámbito de lo mágico. Pienso también en un libro y un DVD que nacieron con vocación de fenómeno editorial, a pesar de su título, tan burdo como efectivo: El Secreto.
Pues bien: cierto día D, a cierta hora H, este producto norteamericano desembarcó masivamente en Brasil con el título ya traducido al portugués, O Segredo, acompañado de una poderosa campaña de marketing. Mucha gente se creyó que efectivamente este libro venía a revelar el secreto más antiguo y más valioso de la humanidad por razones puramente filantrópicas. Basta ver algunos minutos del DVD para confirmar que se trata de un trabajo deshonesto: una serie de personajes supuestamente reales, supuestamente entrevistados como parte de un documental, van apareciendo en la pantalla exponiendo los argumentos que demuestran la existencia del Secreto. Sólo que todos los personajes le están poniendo distintas caras y distintas voces a un mismo discurso escrito evidentemente por una sola persona, un discurso bastante coherente, con sus comas, sus puntos y sus párrafos, que los actores se alternan para leer.
En definitiva, el secreto para tener éxito en la vida (porque, al final, O Segredo es un libro de autoayuda) es el poder del pensamiento, el desear algo con verdadera fuerza. Y este Secreto resulta tan convincente porque en realidad no tiene nada de novedoso, sino que todo el mundo ya lo sospechaba, desde siempre, desde los orígenes de la especie humana:
Cuando Tylor propuso a fines del siglo XIX que la forma más antigua de religiosidad era el animismo, no tardaron mucho en aparecer críticos que defendieron una forma previa de religión aún más básica: el pensamiento mágico, que Freud denominaría más tarde, en Tótem y tabú, "omnipotencia de las ideas", atribuyéndola a las sociedades primitivas y al pensamiento infantil. Todos los niños tienen la sensación, o el deseo, de que pueden lograr cualquier cosa por la fuerza de su pensamiento. Esta idea puede conservarse durante toda la vida, transformarse en oración (el éxito ya no depende sólo de mí), o desaparecer por completo en la que Freud denomina "fase científica" de la personalidad o de las sociedades. Pero el origen es el pensamiento mágico. Todos los niños conocen el Secreto. Todos los adultos recuerdan el Secreto.
Como el fracaso siempre puede achacarse a no haber deseado con suficiente fuerza o convicción, el pensamiento mágico, el Secreto, entra dentro de lo no verificable, de lo no falsable. De todas formas, no deja de ser significativo que, en Estados Unidos, se haya diseñado en nuestros días un producto con pretensiones de superventas global cuya tesis nuclear es la efectividad de la magia, que es la forma de religiosidad más desnuda,y tal vez más antigua, de la que se tiene noticia.
27/04/2008
Los profetas

Considera Mircea Eliade que la contemplación de la bóveda celeste fue una de las primeras formas que tuvo el hombre primitivo de sentirse apabullado ante lo inmenso, y de empezar a darle forma al concepto de lo sagrado.
El caso es que, en contadas ocasiones (muy raras para los individuos, pero frecuentes, al final, para la humanidad), las masas también pueden intuir lo apabullante, lo insondable, lo excesivo, ante una persona concreta. Ante las palabras de una persona concreta.
Son discursos como océanos nocturnos, envolventes, oscuros, inaprensibles, desmedidos, profundísimos, ajenos o enajenados, con diminutas áreas de contacto con las costas de la razón, y de lo razonable. Son discursos anómalos. Discursos-monstruo.
Son las palabras del profeta, del oráculo, del poeta.
Escribe, por ejemplo, Maria Fé Nevares en Literaturas.com en referencia al novedoso autor de Bombardero, el escritor peruano César Gutiérrez:
"Conocer a Cesar Gutiérrez es casi tan espectacular como leer su libro: alucinado, febril, caótico y tremendamente lúcido. A César lo conocí casi gritando sus poemas en un recital de Barranco, donde vivo. Lo encuentro exclusivamente de noche, en estos bares y siempre me sobrecoge la misma cosa de él: No siempre sé de qué esta hablando, pero escucharlo hablar es fascinante, porque todo lo que dice tiene una percusión tan grande que aun si no lo entiendo todo el tiempo, está clarísimo que contiene algo tremendo".
20/04/2008
El vigilante de madera

Estoy casi seguro de que, al igual que tanta gente se protege de los accidentes de tráfico pegando un adhesivo de la Virgen en una ventanilla del coche, el gran crucifijo que se ve en la pared de muchas agencias bancarias de Río de Janeiro es una medida de protección contra robos. Pero, puesto que es muy probable que el ladrón sea creyente, o al menos supersticioso, esta medida tal vez sea la más efectiva de todas. Más que las cámaras, pues el ladrón se lo pensará dos veces antes de pasar frente a la mirada de madera, que ve hasta detrás de las máscaras, y guarda las imágenes en la memoria por toda la eternidad. Y más que el bonachón guarda jurado de la entrada, porque cometer un crimen frente a un crucifijo por fuerza ha de tener, según este ladrón, un castigo implacable, una maldición progresiva, interminable y devastadora, cuyos efectos no tienen por qué ser sentidos de manera inmediata.
10/04/2008
Sectas
Al candomblé también se le ha tachado de secta, se queja el padre Cido de Òsun Eyin en su libro Candomblé - A panela do segredo.
Las ceremonias se celebraban de madrugada no porque se practicasen ritos tenebrosos o macabros, sino porque el candomblé era una religión clandestina, y los esclavos africanos tenían que reunirse a escondidas para mantener vivos a sus dioses, a los que terminaron disfrazando de santos católicos para que pasasen desapercibidos entre los dioses imperantes a plena luz del día. La enorme popularidad de San Jorge en Río de Janeiro se debe a que este santo se identifica con Ogum, que es el Zeus del candomblé.
Sospecho ahora que, muchas veces, lo que diferencia una religión de una secta es exactamente lo mismo que media entre una lengua y un dialecto: más o menos prestigio, más o menos poder.
27/03/2008
O Lobo Mau

La religión afrobrasileña del candomblé recuerda a la grecorromana en el sentido de que en ambos panteones no existe ningún dios decididamente malvado. No se da en ellos la separación tajante entre el bien y el mal. La bondad pura y la maldad absoluta no encarnan en dos entidades irreconciables, como pueden ser Caperucita frente al Lobo Feroz, los Estados Unidos frente al Eje del Mal, o como el azul frente al rojo en las espadas láser de Luke Skywalker y Darth Vader o en las corbatas de Rajoy y Zapatero.
Las primeras Historias de las Religiones consideraban que el monoteísmo, como resultado de la evolución, era la forma de religiosidad más avanzada y perfecta, mientras que el politeísmo africano no pasaba de un curioso resto arqueológico de gran interés para la antropología, de una muestra milagrosamente conservada de formas muy primitivas de religión.
Sin embargo, no sería del todo disparatado establecer una analogía entre las religiones con un único dios y los sistemas políticos de partido único: en ambos casos, sólo hay una Verdad posible (y ya definida), por lo que no se toleran las discrepancias internas... ni las externas. En ambos casos es habitual el expansionismo, tal vez por aquello de que la mejor defensa es el ataque. Por su parte, el politeísmo implica variedad de perspectivas, versiones y opiniones, y una especie de tolerancia sistemática a lo diferente.
Por tanto, especialmente en nuestro tiempo, caracterizado por las dudas, el relativismo, y las visiones parciales y fragmentarias, el politeísmo resulta una forma de religiosidad sorprendentemente actual, y civilizada.
20/03/2008
Evangélicos I
El brasileño pobre y humillado, dispone de dos vías principales de llevar una vida que pueda considerar admirable, y trascendente: la religión fundamentalista de los evangélicos, y la vida peligrosa y extrema de los bandidos.
La dignidad es una necesidad básica. Más de lo que se pensaba.
Los nuevos templos

Durante siglos, las catedrales fueron las construcciones más ambiciosas y magníficas levantadas en Europa. No era posible distinguir con exactitud dónde acababa el homenaje a Dios y dónde comenzaba la demostración de grandeza de una ciudad. En la Europa de nuestros días, las obras arquitectónicas más representativas, las que aparecerán en los libros de Historia del Arte dentro de trescientos años, parecen estar relacionadas con las comunicaciones y el transporte: puentes, estaciones y aeropuertos. Sobre todo aeropuertos.
Estas catedrales de nuestro tiempo son, por un lado, un poderoso símbolo del laicismo y el pragmatismo imperantes. Por otra parte, se da la paradoja de que estos imponentes espacios arquitectónicos, al tiempo que consagran el tránsito, el desplazamiento y el intercambio, se están conviertiendo en símbolos nacionales que remarcan las fronteras y parecen decir: "Aquí empieza un gran país". En definitiva, hoy, los aeropuertos europeos, que son los recibidores, los vestíbulos de los países, han asumido esa función de mostrar el poderío de los estados.
Sucede, sin embargo, que los europeos laicos o agnósticos envejecen rápido y apenas tienen hijos, esto es, se extinguen, mientras que por las fronteras del Viejo Continente no dejan de filtrarse seres humanos de todos los colores, todas las culturas y todas las religiones. Como no cabe duda de que las escuelas públicas no lograrán limpiarles la religión a las nuevas masas de niños multicolores y multiculturales, se deduce que, en pocas generaciones, en todos los ámbitos de la sociedad habrá una fuerte presencia de seres religiosos.
Dentro de trescientos años, por tanto, ya se habrán levantado nuevos templos por toda Europa, y los turistas acudirán de propio a los antiguos aeropuertos para sacarse fotos y conocer en persona las construcciones más representativas y elocuentes de este principio del siglo XXI.
05/03/2008
El cantar de los cantares

Me gusta comenzar el día escuchando la canción de James Blunt, “la canción”, que al fin y al cabo es una manera de orar. Todo el mundo se dio cuenta cuando apareció en las radios. Nadie osó ponerle ningún reparo. Todas las personas de todos los países de la Tierra sintieron de alguna manera que aquella canción era una especie de milagro. Y la letra, para quien pueda entenderla, sólo redunda en su rara perfección. Se trata de una canción de amor, por supuesto. Relata la historia de una persona común que, inmersa en la rutinaria grisura del metro, se ve sorprendida por el fogonazo de un intenso amor a primera vista. Que, allí abajo, entre el aire recargado de cansancio, y entre la masa triste de gentes, encuentra un punto luminoso hacia donde anhelar. Se trata de un sentimiento comprensible para cualquier hombre y para cualquier mujer, desde analfabetos hasta astrónomos. “Un sentimiento popular que nace de mecánicas divinas”, dijo Battiato. Por definición, alguien no se enamora de un ser humano, sino de un espejismo, de un símbolo, una señal, una puerta, un camino, un inicio de otra cosa. Y el afán de fusión, ese estirar la mano a través del otro para rozar lo inefable, y desaparecerse, aporta al acto sexual una dimensión trascendente, que entra de lleno en el terreno de lo religioso. Todo aquel que ha estado alguna vez enamorado tiene, por lo tanto, vocación religiosa. Esto no puede negarse. Tal vez sea el amor, el amor-pasión de Stendhal, un disfraz más accesible, menos abstracto, una corporeización visible y comprensible del deseo de unirse a la totalidad tan propio de los místicos.
10/02/2008
Jaque a los infieles

Las dos estatuas más populares de América (la Estatua de la Libertad en el hemisferio norte, y el Cristo del Corcovado, al sur) presentan toda una serie de curiosos paralelismos e interconexiones que sugieren que, al menos al erigir la escultura de Río de Janeiro, inaugurada en 1931, se tuvo bastante presente a su prima del norte, casi cincuenta años mayor, lo que en realidad es muy poco en el mundo de las estatuas: sería como dos primas de carne y hueso que se llevaran dos o tres años. Hasta se parecen un poco de cara, las dos igual de inexpresivas.
Para la gran estatua norteamericana se volvió la mirada a la antigüedad clásica para darle figura humana a un símbolo laico, republicano, ilustrado, o, como mucho, protestante o masón. Sea como fuere, esta gran estatua colocada a las puertas de Estados Unidos, junto a su principal puerto, daba la bienvenida a una tierra marcada de esta manera como no católica. "Roma no tiene influencia sobre este nuevo mundo", dice con su severa mirada la Estatua de la Libertad.
La Iglesia Católica centró entonces sus esfuerzos en aproximarse al poder de la que se creía la potencia mundial emergente de América del Sur, y culminó el proceso con los acuerdos de la época de Getulio, comenzando con marcar católicamente a la totalidad del país colocando esa gran estatua en la cumbre del Corcovado. Jaque a los infieles.
El Cristo sería el mascarón de proa de Brasil. La alta cara blanca que verían los extranjeros desde muy lejos. Sólo que bajo los pies del Cristo se extendía un denso bosque tropical, por el que pululaban sin descanso divinidades mucho más antiguas...

